¿POR QUÉ EL MUNDO NO LOGRA SUPERAR LA CRISIS?


El problema más importante es que la recuperación económica generada en el 2010 fue resultado del empuje del gasto público y la reducción de impuestos que aplicaron los principales gobiernos durante el 2008 y el 2009. Estas medidas contra cíclicas operaron en su momento, pero no lograron reactivar el consumo de las familias ni la inversión privada.

Los recursos utilizados en el rescate financiero se quedaron en parte estancados en una banca temerosa de reactivar el crédito y al mismo tiempo sin una demanda del mismo por parte de la población y las empresas que prefieren liquidar sus deudas a tomar nuevos créditos. Otra gran cantidad de recursos financieros regresaron al mercado de valores y por ende a la especulación, para obtener importantes ganancias en el corto plazo, después de una severa caída, sobre todo en las economías emergentes como México, Brasil y Chile, que durante todo el 2010 y el primer trimestre del 2011 se vieron invadidas por estos recursos monetarios excedentes que el rescate financiero generó y que inflo de nuevo las bolsas de valores.

Las familias sobre endeudadas de Estados Unidos prefieren utilizar sus ingresos para pagar sus deudas, al igual que los temerosos ciudadanos europeos quienes han preferido el ahorro ante la incertidumbre y la elevada tasa de desempleo. En este punto es necesario recordar que el consumo representa más del 70% del producto interno bruto (PIB) en el primer país, de ahí una de las principales razones del porque la economía norteamericana no repunta.

El gran problema es que todo ello ha entrado en un círculo perverso compuesto por tres elementos: el primero relacionado con la falta de consumo de las familias que obliga a las empresas a posponer los planes de inversión, amenaza con elevar sus inventarios y no permite reactivar el empleo, el segundo elemento es con relación a las bajas tasas de interés en el sistema bancario que  retroalimentan los flujos de dinero hacia las casas de bolsa que prometen un rendimiento en el corto plazo mucho más atractivo, y por último más importante, el hecho de que el enorme déficit fiscal generado ha obligado a los gobiernos a detener el impulso ante la creciente posibilidad de insolvencia, y han revertido las medidas elevando los impuestos y reduciendo el gasto público, lo que obliga a detener el motor que empujaba a las economías fuera de la recesión.

La pregunta es ahora, cuál es la medida más apropiada para salir del atolladero, y la única respuesta plausible es volver a mecanismos directos de política monetaria para reactivar el crédito bancario hacia aquellas actividades estratégicas cuyos efectos de arrastre en la producción, el ingreso y el consumo, permitan la generación de empleos permanentes y bien remunerados. Elegir como beneficiarios a los sectores productivos con el mayor número posible de vínculos con el resto de las actividades productivas y en especial con las pequeñas y medianas empresas, fortaleciendo el tejido empresarial y el mercado interno.

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