¿POR QUÉ GANÓ DONALD TRUMP?

El modelo neoliberal esta haciendo agua, a nivel mundial las tasas de crecimiento económico son históricamente bajas, 2.5% en 2015 contra 6.5% en 1976 (Banco Mundial) y los países desarrollados son los que menos crecen con una tasa de 2.1%, mientras que Estados Unidos solo creció un 2.6%, el problema es que para este 2016 y 2017 el crecimientó de dichos países será todavía menor 1.6% en 2016 y 1.8% en 2017 (FMI) en especial para Estados Unidos que se encuentra en un claro proceso de desaceleración económica que se acentuará los siguientes dos años con pérdidas de crecimiento estimadas en -0.6 en 2016 y -0.3 en 2017, y eso sin tener en consideración quién ganaría las elecciones.

Por su parte, la desigualdad económica y la concentración del ingreso y la riqueza se elevan de forma permanente, las salarios en términos nominales y reales se reducen y los mercados laborales se muestran precarios. La desigualdad salarial se incrementa dentro de las empresas y entre regiones económicas, así un administrador general puede quintuplicar e incluso ganar de diez a doscientas veces más que lo que gana el obrero del más bajo nivel.

Lo que esta siendo claro incluso para el Fondos Monetario Internacional (FMI), la OCDE y el World Economic Forum, es que algo anda mal, y que éste modelo neoliberal ha favorecido a los poderosos y es momento de empoderar a la población para revertir la situación pues a mayor desigualdad menor crecimiento económico y bienestar.

Lo que aún no quieren ver es que el libre mercado no lo es tanto cuando el poder económico y político se impone. Los ricos tienen la fuerza política y monetaria suficiente para cambiar las leyes a su favor y modificar las condiciones de competencia económica, y esa libre competencia permite reducir los costos y permitir que las ganancias se acumulen en favor de los accionistas y los directivos del más alto nivel. En pocas palabras el liberrímo mercado opera a favor de la concentración a través del mismo mecanismo que se ha considerado como el más eficaz para distribuir los recuros, la libre oferta y la libre demanda.

En el informe de OXFAM (2016): "Una economía para el 1%", se establece que 62 individuos en el mundo concentran la misma riqueza que 3 mil 600 millones de personas ¡la mitad más pobre en el mundo!; y mientras que para los primeros su riqueza creció un 45% del 2000 al 2015, para los segundos disminuyó un 38%, así el 50% del incremento en la riqueza a nivel mundial fue apropiado por el 1% de la población más rica, y de los ingresos generados a nivel mundial el 46% fue apropiado por el 10% más rico, y ésto mismo esta sucediendo en Estados Unidos, país en el que la desigualdad se ha elevado de forma persistentes desde los 80's.

Hoy los capitales y los especuladores imponen sus condiciones a los mercados internacionales, fluyendo de un lugar a otro para obtener la máxima ganancia, vendiendo y comprando acciones para garantizar su riqueza, pasando del oro a la plata, del cafe al petróleo etc., manipulando precios y tasas de interés para despues ubicarlos en paraísos fiscales que permian garantizar la mayor acumulación posible de capital y aportar lo menos posible al gasto público y por ende en su principal objetivo, la distribución de los ingresos y la riqueza.

Aunque la inflación se mantiene también en niveles históricamente bajos, el poder adquisitivo de la población no se incrementa precisamente porque los salarios se deterioran, las personas no sienten una mejoría en su bienestar social y necesitan escuchar las promesas que les garanticen una mejora económica, mejores empleos, mejores salarios y mejores servicios públicos, eso es precisamente lo que Donald Trump les prometió.

Los que votaron por el, son el sector menos culto de la población, pero el más necesitado del cambio, y también el sector más conservador, los blancos que quieren volver a los viejos tiempos: un Estados Unidos fuerte, con rápido crecimiento económico al que se le denominó el "Sueño Americano", aquel que hablaba de igualdad de oportunidades, en el que todos podían lograr sus objetivos, tener una vida cómoda y tránquila con sus necesidades satisfechas. A eso apostó Trump, y eso fue lo que lo llevó a la victoria, aunque sus propuestas económicas no sean coherentes, aunque ello implique mayor xenofobia y discriminación, las razones del voto no fueron éstas últimas, sino la primera "volver al sueño americano"

¿CÓMO AFECTA LA DEPRECIACIÓN DEL PESO AL MEXICANO COMÚN?

En los últimos dos años, en el período que va del 1ero de enero de 2015 al 23 septiembre del 2016, la extrema volatilidad del dólar ha significado una depreciación (devaluación) de 34.55% del peso, cuando el precio pasó de $14.74 a $19.83 pesos por dólar, llegando incluso a sobrepasar los $20.00 pesos en algunos momentos.

Los efectos que ello provoca en nuestra economía son múltiples, pero los más importantes son los siguientes:

En primer lugar el efecto inflacionario. México es un país que importa, básicamente, materia prima, maquinaria y equipo para fabricar bienes, que constituyen el 90% del total de las importaciones, así cada vez que el peso se deprecia, los costos de producción se elevan, lo que genera lo que los economistas llamamos un traspaso inflacionario, es decir, los productores que importan dichos bienes tienen mayores costos de producción que van a trasladar al precio de venta, generando un fenómeno inflacionario.

Dicho traspaso se ha elevado en los últimos dos meses, y de acuerdo con las últimas cifras sobre inflación, el incremento en el precio de las mercancías ha sido de un 3.87% en el último mes, 3.73% para alimentos y bebidas no alcohólicas, 3.53% en prendas de vestir y 4.93% en salud. Otros estudios hablan de incrementos del 30% en cafeteras, 16% videojuegos 35% fármacos importados y 12% en medicamentos en general.

El segundo efecto impacta al crecimiento económico y la inversión, porque en una economía abierta y globalizada los empresarios no pueden elevar sus precios debido a la fuerte competencia, por lo que deben absorber dicha inflación reduciendo su margen de utilidad, ello hace menos rentable la actividad productiva y ralentiza la inversión, la generación de empleos y la producción, reduciendo la tasa de crecimiento económico del país.

El tercer efecto impacta a los salarios y las prestaciones laborales porque en muchas ocasiones los empresarios necesitan mantener el margen de utilidad, por lo que buscan disminuir otros costos, así negocian con proveedores y trabajadores, quienes se ven obligados a aceptar menores precios y/o salarios, lo que a su vez conlleva una reducción en prestaciones laborales, aguinaldo, vacaciones pagadas, reparto de utilidades etc.

En general los más afectados son los trabajadores ya que el empleador tiene más poder de negociación con ellos que con los bancos, proveedores y distribuidores. Los contratos dejan de ser permanentes y pasan a ser temporales, otros se contratan bajo la modalidad de prácticas profesionales, aceptan empleos sin prestaciones e incluso, muchos de ellos, sin pago alguno, sobre todo si se trata del negocio familiar. Otros más están por comisiones, a destajo o bajo un contrato temporal de capacitación y/o a prueba. Aquellos afortunados que se registran ante el Seguro Social se registran con salarios menores, el aguinaldo se reduce y las prestaciones se recortan.

El cuarto impacto depende de las decisiones que tome el banco central (Banco de México) para contener dicha depreciación, una de esas decisiones es elevar la tasa de interés de referencia (TIIE a un día), que son los intereses que cobra a los bancos comerciales cuando les otorga crédito, ello impacta a su vez a aquellos préstamos y créditos bancarios que basan su tasa en la TIIE, ello encarece los créditos y disminuye su monto, elevando en algunos casos el ahorro, pero reduciendo la inversión dado que el dinero se encarece.

Por otro lado el Banco de México puede decidir subastar sus reservas internacionales, pero cuando las mismas caen a niveles bajos eleva el riesgo país, la incertidumbre y la especulación.

Pero ¿cuáles son las causas de la depreciación del peso?, desafortunadamente son múltiples: aquellas determinadas en los mercados internacionales y por tanto externas, las que dependen de la debilidad de la economía mexicana a las que denominaré internas, y las que son producto de la especulación derivada de la incertidumbre financiera internacional y el riesgo.

Las más importantes son las externas, sobre las cuales el gobierno de México no posee ningún control, por ejemplo: el incremento en la fortaleza del dólar ante el debilitamiento del Euro debido a los problemas financieros de Grecia, España, Portugal, Italia e Irlanda; la debilidad del crecimiento en las economías más desarrolladas entre ellas: Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, España y Japón; la desaceleración de China; los problemas económicos en Rusia, Brasil y Argentina; la relacionada con la indecisión de la Reserva Federal sobre el incremento en sus tasas de interés; la salida del Reino Unido de la Unión Económica Europea (Brexit); la caída de los precios internacionales de importantes materias primas, principalmente el petróleo; la inestabilidad política en medio oriente y los problemas migratorios; la salida de inversión extranjera de cartera (corto plazo) que busca seguridad y mayores rendimientos; y, últimamente, la incertidumbre sobre quién será el presidente en Estados Unidos.

Entre las razones internas están: el crecimiento acelerado de la deuda pública y la perspectiva negativa de las agencias calificadoras sobre la calidad de la misma; el incremento de la deuda externa de los corporativos y empresas privadas, cuyo efecto se incrementa con las consecutivas depreciaciones del peso; y la disminución en el dinamismo de las exportaciones mexicanas.

Entre las razones especulativas se destacan: la volatilidad de los mercados bursátiles y la hipersensibilidad de los inversionistas a las razones anteriores que, además de buscar rendimiento buscan seguridad; la volatilidad de los precios de los commodities (cobre, plata, acero, café, azúcar, arroz etc.) en los mercados de futuro; el temor mismo a una mayor depreciación que genera un efecto acumulativo al orillar a una mayor compra de dolares; el nerviosismo de los inversionistas que sobre-reaccionan al riesgo y a cualquier noticia política, económica y financiera que lo eleve y que los motiva a adquirir una mayor cantidad de dólares depreciando al peso y retroalimentando las expectativas de depreciación, generando con ello un fenómeno crecientemente ascendente en su precio. Así el precio del dólar hoy, depende del precio del día de ayer, y conforme mayor sea la diferencia entre el precio actual y el pasado, mayor la percepción de riesgo y por ende mayor compra de dólares, retroalimentando de forma creciente el proceso de depreciación.

¿Cómo protegernos de dichos efectos?

Debido a que las tasas de interés se elevan y las tarjetas de crédito presentan tasa de interés flexible, es importante utilizar menos dichas tarjetas, y en caso de tener una deuda importante liquidar dicha deuda porque la tendencia es que seguirán subiendo las tasas.

Nuestra lista de compra debe incluir bienes producidos nacionalmente, que no tengan insumos importados, pues sus precios se mantendrán más estables.

Y para protegernos del deterioro de las condiciones laborales, lo único que podemos hacer es convertirnos en trabajadores indispensables, aquellos que el empresario no puede sustituir y cuyas características esenciales es que son proactivos; resuelven problemas, no los crean; son responsables, prudentes y no conflictivos, y siempre están preocupados por capacitarse y mejorar su desempeño.

DINERO, ESPECULACIÓN Y CRISIS

En un mundo donde se ha sobrevalorado el poder del dinero y se confunde el dinero con riqueza, las instituciones, los gobiernos y las familias buscan atesorarlo (guardarlo y acumularlo). Como mantenerlo en efectivo, o en una cuenta de ahorro no genera un buen rendimiento, tienden a proteger su poder adquisitivo invirtiéndolo en activos financieros: acciones, bonos de deuda, papel comercial, pagarés, opciones, metales preciosos, divisas, etc.

Dado que estos activos pueden tener variaciones elevadas en sus precios, las instituciones tienden a protegerse mediante “derivados financieros”, mismos que no tienen valor propio, sino que representan una cobertura ante el riesgo de una fuerte caída o precipitada subida en su precio (volatilidad), es decir operan como un seguro de vida, que en caso de muerte paga a la familia una indemnización. Así un derivado puede proteger de un incremento o disminución en las tasas de interés, de rápidas variaciones en el precio del dólar o en las acciones, o los bonos de deuda, del petróleo, del oro etc., e incluso de la emisión de contaminantes.

Ante la baja rentabilidad de los procesos productivos, que la incrementada competencia y la globalización ha generado, las grandes empresas y las instituciones financieras bancarias y no bancarias han encontrado vehículos de inversión que prometen grandes rendimientos por su dinero, la diversidad de éstos instrumentos es amplia, desde los más sencillos hasta los más complejos; en los mercados de dinero (con plazo menor a un año) en los que pueden comprar: letras de tesoro, papel comercial, pagarés municipales, aceptaciones bancarias, etc., y en los mercados de capital (con plazo mayor a un año: mediano y largo plazo) en los que pueden adquirir acciones, obligaciones, títulos de deuda de largo plazo, hipotecas etc. Construyendo de esta manera un mundo de papel que sobrepasa en múltiplos a la generación de riqueza, es decir a la producción de bienes y servicios para la satisfacción de necesidades.

Debido a que pueden comprar deuda, también adquieren instrumentos que los cubran contra la probabilidad de impago de dicha deuda (credit default swap).

El objetivo principal es hacer dinero con su dinero (especular) y ya que el mismo no es en sí mismo una mercancía con valor, como lo eran las monedas de oro y plata, está riqueza puede desvanecerse rápidamente si todos salen al mismo tiempo a vender sus activos financieros, por ello, los inversionistas son hipersensibles a cualquier noticia o evento que amenace la rentabilidad de sus inversiones y ello genera un fenómeno denominado sobre-reacción, solo que dicha reacción es asimétrica, si la noticia es buena, no genera un gran salto en el precio de sus activos, pero si la noticia es mala genera saltos grandes que se van retroalimentando hasta provocar crisis cambiarias, de deuda soberana, bancarias, financieras e incluso de producción.

En resumidas cuentas: la avaricia y la especulación, así como la enorme libertad en los flujos internacionales de capitales (liberalización de mercados financieros) y la creatividad financiera, es lo que está provocando esta inestabilidad financiera. Adicionalmente, la gran acumulación de activos financieros y deuda crea instituciones financieras tan grandes que se vuelven sistémicas y a pesar de sus malos manejos financieros terminan siendo rescatadas por los gobiernos, trasladando a la población el costo mediante un menor gasto público y mayores impuestos. En pocas palabras: privatizando ganancias y socializando pérdidas.

Lo peor de todo es que estas grandes instituciones financieras lo saben y siguen especulando sabiendo que serán rescatadas para garantizar sus ganancias. Actúan con alevosía y ventaja, se apropian de los recursos monetarios del pueblo y duermen tranquilamente sobre sus laureles.

Hoy el capital financiero se impone a las autoridades tanto fiscales como monetarias y cambiarias, mismas que operan a la defensiva tratando de rescatar las monedas nacionales, suavizar los efectos negativos de las crisis y enriqueciendo a los grandes especuladores.

Del porque el peso ganó el debate Trump/Clinton

En los últimos días el peso mexicano se iba depreciado cuando aumentaba la popularidad de Trump, pero el día de ayer, durante el debate entre Donald Trump y Hillary Clinton, conforme Hillary se perfilaba como ganadora, el peso se fue apreciando hasta ser la moneda ganadora a nivel mundial, y para muchos, el peso fue el verdadero ganador del debate.

¿Cómo es esto posible?, la respuesta está en la forma de operar del mercado de monedas extranjeras (divisas) denominado mercado Forex.

Este un mercado opera las 24 hrs. del día a nivel global, no está centralizado, ni regulado, es ubicuo y presenta liquidez inmediata, pero también un riesgo elevado. El motivo principal de operación es comprar divisas baratas (moneda extranjera) para venderlas caras, es decir especular; así en segundos se pueden tener grandes pérdidas o ganancias, debido al volumen operado.

Las operaciones se realizan directamente entre compradores y vendedores a través de medios electrónicos, por teléfono o mediante órdenes de compra y venta programadas por computadora, es decir es un mercado over the counter (sobre el mostrador). En él participan desde amas de casa, con la plataforma y aplicación necesaria, hasta grandes bancos, tesorerías de empresas multinacionales, fondos de pensiones, aseguradoras, bancos centrales, cajas de ahorro y en general todo tipo de institución financiera, y las operaciones diarias rebasan los 4 billones de dólares.

El mercado Forex es tan grande, que comparado con él, el mercado de acciones en Nueva York es apenas el 1.9%

El peso, por su parte, ocupa el décimo lugar entre las divisas más negociada a nivel mundial, debido al volumen de nuestro comercio exterior, ya que por el volumen de nuestras exportaciones ocupamos el 14 lugar y también en función del volumen de las importaciones, ello sin considerar la inversión extranjera, el turismo y las remesas. De hecho el mayor volumen de operaciones peso/dólar se realiza fuera del país. Ello lo ha convertido en una moneda con mucha liquidez con la cual se puede especular fácilmente.

Los inversionistas internacionales saben que la propuesta económica de Trump no es consistente y por ello generaría graves problemas económicos a Estados Unidos,lo que genera temores e incertidumbre y buscan refugio en monedas más seguras, debilitando al peso.

México es el segundo socio comercial más importante de Estados Unidos y una re-negociación de los tratados comerciales y el incremento en los aranceles a la importación nos pondría en desventaja, generando una menor cantidad de exportaciones mexicanas hacia aquel país y un incremento de nuestro déficit comercial, lo que depreciaría aún más al peso generando de nuevo una búsqueda de un refugio seguro en otras monedas.

La propuesta de Hillary es más coherente, y aunque seguramente implicará la renegociación del tratado comercial, el riesgo y la incertidumbre es mucho menor, lo que favorece al peso como moneda de refugio, en especial para otros países de latinoamérica.

De esta forma, cuando Trump avanza, los temores y la incertidumbre aumentan y se apuesta en contra del peso, lo contrario sucede cuando Hillary avanza en las preferencias, de esta forma lo político influye en la paridad peso/dólar a través de la especulación, la incertidumbre y el temor.

PAQUETE ECONÓMICO 2017: LA MISMA MEDICINA QUE NO DA RESULTADO

Hoy el objetivo básico en política económica es la estabilidad macroeconómica, ya no el crecimiento económico ni la generación de empleos.

Aquellos objetivos del Estado del Bienestar han quedado en el olvido. Hoy la prioridad es consolidar las finanzas públicas y mantener la responsabilidad fiscal, argumento principal del neoliberalismo económico que no es otra cosa que una corriente ideológica que no ha dado resultado y cuyo fracaso se ha constatado estadísticamente a nivel mundial, pero que ha sobrevivido por la fe ciega de aquellos que piensan que el libre mercado, la baja inflación y la estabilidad son condiciones necesarias y suficientes para crecer y que dicho crecimiento se traducirá en una reducción de la pobreza, una mejor distribución del ingreso y la riqueza y por ende mayor bienestar social.

El desarrollo humano, el equilibrio ecológico y el salario remunerador no es para ellos motivo de preocupación pues consideran que ello es un simple resultado de lo anterior.

El problema es que el gasto público siempre redistribuye los ingresos y la riqueza, tanto cuando se incrementa como cuando se reduce y cuando se reduce golpea más a quién menos tiene, y en México desde el 2015 hemos acumulado recortes al gasto público, lo que significa acumular efectos negativos para la economía, pues dicho gasto junto a la inversión privada son los motores que ejercen un efecto multiplicador y de arrastre sobre todos los sectores económicos.

El nuevo paquete económico tiene entre sus metas una reducción del gasto equivalente al 1.2% del Producto Interno Bruto (PIB) y así lograr un superávit primario equivalente al 0.1% del PIB, por ello veremos en 2017 un menor crecimiento económico, menor generación de empleo y una posposición de las necesidades de quien menos tiene.

AGONIZA UN MODELO DE DESARROLLO ECONÓMICO: EL NEOLIBERALISMO

El libérrimo mercado y la apertura comercial llevan a un incremento en la competencia internacional y nacional que debilita a las empresas a través de la erosión de sus utilidades. En México, por dar un ejemplo cercano, el 94% de las empresas son microempresas, sin posibilidades de obtener un crédito bancario y financiando su operación con tarjetas de créditos.

Las empresas medianas enfrentan, por su parte, un desgaste continuo por la inyección de recursos que requieren para lograr productos innovadores y competitivos. La disputa por mantenerse en el mercado y la lucha por obtener el favor de los consumidores, ha reducido el margen de sus utilidades y con ello, los incentivos para producir bienes y servicios, generar empleos y pagar mejores salarios y, a mayor competencia, menor posibilidad de ser rentables.

Todo ello ha generado un proceso de precarización del mercado laboral, mediante la disminución de los salarios nominales.

Volviendo al caso de México, en 2007 la remuneración media en la industria manufacturera en México era de 4.6 dólares por hora, en 2015 fueron 4.2 dólares de acuerdo con datos del INEGI, y los salarios mínimos reales perdieron el 83.6% de su poder adquisitivo de 1987 a 2015, de acuerdo al Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM. Al mismo tiempo se ha presentado la reducción de las prestaciones, la des-sindicalización, la disminución de los empleos permanentes y el incremento del empleo temporal, a destajo, de capacitación etc. Todo ello resultado del denominado proceso de "flexibilización laboral", cuyo objetivo prioritario era permitir a las empresas reducir los costos laborales, y ajustar la oferta laboral a las necesidades de un entorno de demanda cambiante, volátil y reducida, que les permitiera sobrevivir en una economía globalizada, utilizando los bajos salarios como elemento fundamental de su competitividad y, a la vez, como interesante atractivo para la inversión extranjera directa.

El debilitamiento de los mercados internos, producto a su vez de la precarización laboral y la concentración de los ingresos y la riqueza, ha generado un débil crecimiento económico que impide la reducción de la pobreza y el incremento en el bienestar social de la población no solo en México, sino también a nivel global.

El mundo, en general, se caracteriza por una atonía en su crecimiento económico, con baja generación de empleos y una creciente concentración del ingreso y la riqueza, lo que a su vez retroalimenta un sentimiento anti-globalización y nacionalista que eleva las barreras proteccionistas en el comercio internacional reduciendo su dinamismo, y que da fortaleza a un renovado populismo tanto de derecha como de izquierda, que amenaza con poner en los gobierno a peligrosos personajes políticos egocentristas y megalómanos que aprovechan la avidez de los jóvenes por escuchar promesas de crecimiento económico, mejores empleos y bienestar en base a esquemas insostenibles económicamente, y marginantes por su alto contenido anti-inmigrantes, xenofóbicos, machistas y retrógrados.

A pesar que la inflación a nivel país y a nivel mundial se mantiene en niveles históricamente bajos, no hay un crecimiento económico robusto, que garantice un mayor bienestar social, y una mejor distribución del ingreso y la riqueza. No importa la cantidad de recursos destinados al combate a la pobreza, ellos son siempre insuficientes.

Tal como lo expresa el nuevo Secretario de Hacienda y Crédito Público José Antonio Meade, tanto la política monetaria como la política fiscal tienen muy poco margen de acción para operar. La primera ha llegado a sus límites inferiores y en algunos países los ha llevado a poner tasas de interés negativas. Por su parte la política fiscal se caracteriza por un notable crecimiento de la deuda pública, tanto interna como externa, que retroalimenta el juego especulativo en los mercados de dinero y de capital.

La política monetaria, principal instrumento de un modelo neoliberal, muestra claros signos de agotamiento, al grado tal que hemos transitado a lo que se denomina un esquema monetario no convencional, donde los bancos centrales de los países desarrollados, en su afán por generar dinamismo económico mediante la re-activación de los préstamos y créditos bancarios, han inyectado impresionantes cantidades de liquidez en los mercados operando no solo a través de la banca comercial, sino de otras instituciones financieras bancarias y no bancarias.

Un largo período de tasas de interés en niveles cercanos a cero, ha operado como incentivo que ha elevado el endeudamiento de las empresas, quienes a su vez no lo han utilizado para aumentar la producción o el empleo, sino para re-invertirlo en los mercados de capitales tratando de obtener rendimientos que satisfagan a ávidos socios en capital (shareholders y stockholders), promoviendo con ello una mayor concentración de la riqueza y de los ingresos derivados de ella.

Los gobiernos en los países desarrollados no han encontrado la forma dinamizar la inversión productiva, y las bajas utilidades derivadas de la actividad productiva, mueven los capitales hacia la especulación en los mercados financieros, así podemos constatar, de forma simultánea, un bajo nivel inflacionario en el mercado de productos y una inflación financiera en el mercado de dinero y de capitales.

Algunos bancos centrales se han visto obligados a transitar a tasas de interés negativas sobre las cuales no tenemos mucha experiencia y por lo mismo no nos permiten prever sus consecuencias a futuro, pero dichas tasas han minado la liquidez y las hojas de balance de los fondos de pensiones, las compañías de seguros y los fondos de inversión.

La política fiscal por su parte, también muestra agotamiento, la deuda pública externa se encuentra en elevados niveles que amenazan la estabilidad macroeconómica por sus efectos sobre el tipo de cambio y la volatilidad financiera internacional. Las medidas instrumentadas para mantener el deseado equilibrio fiscal transitan por la reducción del gasto público, evitando elevar los impuestos y aranceles, lo que a su vez deprime aún más la economía, ya que el gobierno es un gran consumidor de bienes y servicios, que a su vez genera infraestructura básica para la población y la estructura productiva del país.

Lo que hay detrás de éste fenómeno, en resumidas cuentas, es resultado de un modelo agotado que ha generado: mercados internos deprimidos por el debilitamiento de los mercados laborales; salarios no remuneradores que impiden que el consumo de las familias sean la fuente del crecimiento económico; ganancias erosionadas que enfocan los capitales hacia los mercados financieros y la especulación, abonando a la concentración del ingreso y la riqueza en una creciente economía casino que promueve la volatilidad financiera, los efectos dominó y el auge de los mercados especulativos: tanto de divisas como de activos financieros.

Hoy necesitamos un nuevo modelo de desarrollo económico que tome en cuenta el bienestar familiar y los salarios remuneradores, además de la mejora de las condiciones laborales para impulsar al principal motor de crecimiento económico en cualquier país, el consumo de los hogares que por si sólo es al menos cuatro veces mayor al gasto público, dos veces mayor a las exportaciones y tres veces mayor a la inversión privada.