FACTORES QUE ESTÁN DEPRECIANDO AL PESO

En la actualidad los capitales financieros determinan la suerte de las economías y sus monedas, el volumen diario operado por los mercados financieros sobrepasa en múltiplos el crecimiento de la riqueza real medida como la producción de bienes y servicios, tan solo en 2013 la operación con divisas era 243 veces mayor al volumen del comercio internacional.

Hoy las grandes empresas financieras y no financieras operan con instrumentos financieros para cubrir sus riesgos de movimientos en tasas de interés, tipos de cambio, precios de commodities como el petróleo, oro, azúcar, café, naranja, índices de precios y cotizaciones, etc.

De acuerdo con el Banco de Pagos Internacionales (BIS) el volumen negociado diariamente, en en el mercado de divisas en 2013, fue de 5 billones de dólares en promedio, mientras que el PIB mundial anual fue de 76.12 billones (según cifras del Banco Mundial). En marzo del 2015 la operación mundial de valores fue de 20 mil 890 billones de dólares y el 1% de dichas operaciones se realizó en México (BIS, informe trimestral junio 2015).

Este tipo de inversionistas tienen una sensibilidad extrema a los movimientos en las tasas de interés, el precio del petróleo, del oro, e incluso los movimientos en los índices de las bolsas de valores y reaccionan con suma rapidez para cubrir sus riesgos moviendo sus capitales entre diversos instrumentos, como los bonos de deuda del gobierno de Estados Unidos, lo que genera un entorno de volatilidad financiera extrema y un fortalecimiento del dólar contra el resto de las divisas.

Otro aspecto que es importante considerar es que el peso mexicano se ubicó como la octava moneda de mayor operación en el mundo y es la divisa más operada de las economías emergentes. Durante 2013 el volumen operado en pesos a nivel mundial fue de 135 mil millones de dólares diarios, mientras que a nivel nacional fue de 31 mil millones de dólares, lo que indica que la mayoría de las operaciones, 77%, se realiza fuera de México y la principal divisa contra la que se opera el peso es el dólar estadounidense (Banco de México: Resultados de la Encuesta del Banco de Pagos Internacionales, 2013).

En función de lo anterior podemos entender que los factores que han golpeado fuertemente al peso en éste último mes son básicamente los siguientes:
  1. La caída en el precio de las exportaciones petroleras y de la producción de petróleo.
  2. Los riesgos generados por el severo problema financiero en Grecia y sus efectos sobre los mercados accionarios, por lo que muchos capitales buscaron refugio en los bonos de deuda estadounidenses, en especial los gubernamentales, apreciando al dólar.
  3. El incremento en la inflación en Estados Unidos y las declaraciones de Janet Yellen Presidenta de la Reserva Federal sobre la necesidad de aumentar la tasa de interés de referencia y que de acuerdo a los analistas ello podría ser en septiembre de éste año.
  4. La caída en los precios del oro a nivel internacional, que está en niveles cercanos al mínimo del 2010.
Todo ello ha influido en que los futuros del peso vayan al alza y nuestra moneda se deprecie, de forma que el peso se ha constituido en la variable de absorción de dichos choque externos, y más que una caída del peso es un fortalecimiento del dólar, que por un lado podrá favorecer al sector exportador, pero castigará a los importadores, podrá promover la inversión extranjera directa, pero castigará a los deudores en dólares, incentivará la atracción de remesas ya que convertidas a pesos generan ganancias cambiarias para los remitentes.

El problema más severo comienza a presentarse, pues los bancos empiezan a restringir el crédito bancario, ofrecen tasas de interés flexibles (apuestan al incremento de las mismas) y  las presiones inflacionarias se incrementan debido al encarecimiento de las exportaciones. Las finanzas públicas por su parte se debilitan pudiendo ocasionar una mayor ajuste al presupuesto.

Desde mi punto de vista predominarán los efectos negativos sobre los positivos y el resto del año seguiremos observando presiones sobre el peso.
LA CONCENTRACIÓN DEL INGRESO Y LA RIQUEZA SE ACENTÚA CADA VEZ MÁS
Imagen: Nick Ares. Flickr: aresauburnphotos

La economía mundial crece cada vez menos, mientras que la desigualdad medida a través de la concentración del ingreso y la riqueza, crece cada vez más. Existe un sector muy amplio de la población mundial que no ha logrado recibir los beneficios del libre mercado, solo unos pocos se benefician de ello y para muestra bastan algunos datos que seguramente lo pondrán a reflexionar.

En los últimos 20 años, el patrimonio de la población más rica a nivel mundial se ha más que triplicado, aquellos que tienen un patrimonio neto de un millón de dólares han logrado ver crecer dicho patrimonio a tasas del 7% anuales de 1994 al 2014; mientras que aquellos que tienen más de 30 millones de dólares lograron tasas del 6.6% anual, (“Decades of Wealth, 2015” del Wealth-X Report). Por su parte la creación de riqueza real o producción de bienes y servicios (PIB), en el mismo periodo, creció a un promedio simple de 3.8% anual según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Por su parte la concentración del ingreso y la riqueza se ha ido incrementando persistentemente desde los 1970´s, cuando alcanzó sus puntos más bajos, para reiniciar su aumento a partir de los 1980’s, durante la década del 2010 la  tasa de crecimiento se aceleró alcanzando niveles récord en 2014.

Las brechas entre ricos y pobres se incrementan no solo durante las crisis económicas, también durante la expansión económica y a diferentes velocidades, siendo los más beneficiados el 10% de la población más rica a nivel mundial, pero en especial el 1% de los más ricos (“In it Togheter, Why Less Inequality Benefits All”, OCDE, 2015). De hecho el 1% de la población más rica a nivel mundial ha visto crecer su riqueza en más del 60% en las dos últimas décadas (“Fiscal Policy an Income Inequality”, FMI, 2014).

Por su parte el reporte sobre la Riqueza Global del Credit Suisse Research de octubre del 2014 establece que el 0.7% de la población mundial adulta es dueña del 44% de la riqueza global y el 8.6% de los adultos a nivel mundial concentra el 85.3% de la misma.

En Estados Unidos el 1% de la población más rica concentraba el 7.8% del ingreso en 1970, año en que llegó a su nivel más bajo y para el 2013 la cifra se duplicó al llegar el 17.5%; para Canadá las cifras son de 8.9% en 1982 a 12.22% en el 2010, para el Reino Unido de 9.8% en 1990 a 12.7% en el 2012. Por su parte el 0.1% de la población más rica en Estados Unidos pasó de acaparar el 1.6% en 1970 al 7.4% en el 2013, el Reino Unido pasó del 8.9% en 1970 al 12.7% en el 2012 y Canadá pasó del 2.1% en 1970 al 5.2% en el 2000 según los datos del World Top Incomes Database

Los datos nos dicen que la brecha entre ricos y pobres es mucho mayor hoy que hace 30 años, al día de hoy el 10% de la población más rica del planeta gana 9.5 veces más que el 10% más pobre, durante los años 80´s dicha diferencia era de 7 a 1 (“Trends in Income Inequality and It´s Impact on Economic Growth”, OCDE 2014).

La pregunta clave es la siguiente: ¿Qué ha favorecido tanta desigualdad social?, y la respuesta es muy sencilla: las política de liberalización de los mercados que permite a los más poderosos imponer sus condiciones de negociación para apropiarse de la riqueza y los excedentes de las mayorías. El libre mercado no es justo ni equitativo, satisface demandas, no necesidades, y permite a quién tiene mayor poder político y económico aprovechar a su favor las circunstancias.

La solución, es como hemos visto en entregas anteriores establecer mecanismos de regulación de los mercados y empoderamiento de la población que les de representatividad política, social, cultural y económica.

¿BASTA EL CRECIMIENTO ECONÓMICO PARA ELIMINAR LA POBREZA?

Imagen: Angeloux. Flickr: mr_angeloux

¿Puede el crecimiento económico eliminar la pobreza?, es el título de un interesante libro escrito por el Dr. Genaro Aguilar Gutiérrez, miembro del Consejo de Investigación y Evaluación de la Política Social del Estado de México publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México.

El autor, mediante cálculos econométricos, llega a conclusiones sencillas pero muy importantes en las que establece que existe una relación muy estrecha entre desigualdad y pobreza, ya que a mayor desigualdad social mayor pobreza; de hecho, el crecimiento económico no puede disminuir de manera significativa la pobreza mientras no se apliquen políticas públicas adicionales que busquen disminuir la desigualdad.

Para el Dr. Aguilar, las políticas económicas establecidas para lograr el crecimiento económico sólo son importantes y sólo tienen sentido si van acompañadas de políticas redistributivas del ingreso ya que ello permitirá disminuir más rápidamente la pobreza, porque no basta con reactivar el crecimiento económico si los beneficios pueden ser apropiados por los más ricos, por aquellos que tienen un mayor poder de negociación, o por aquellos con un mejor conocimiento o un mayor acceso a los servicios públicos.

Hasta hace apenas 20 años los economistas pensaban que el crecimiento económico era condición necesaria y suficiente para disminuir la pobreza, y que los beneficios del crecimiento económico, por sí solos, se filtrarían hasta los estratos más pobres de la población; incluso se pensaba que la desigualdad era condición necesaria para el crecimiento económico porque los ricos eran los que podían invertir sus excedentes monetarios (ahorro) en nuevas fábricas, con ello generarían empleos, ingresos y mejores condiciones de vida. Sin embargo, la realidad ha demostrado que ello no es así, ya que la desigualdad y la pobreza se encuentran íntimamente relacionadas de forma que a mayor desigualdad social menor crecimiento económico y mayor probabilidad de incrementarse la pobreza, de acuerdo con estudios recientes del Fondo Monetario Internacional y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, entre otros.

Hoy los estudios demuestran que la desigualdad impide un mayor crecimiento económico y neutraliza los efectos que pudiera tener sobre la pobreza.

De acuerdo con el documento, mientras menos desigualdad haya en la distribución del ingreso mayor será el efecto que el crecimiento económico tendrá para disminuir la pobreza. En función de su modelo econométrico, calcula que de 1994 al 2005, por ejemplo, un crecimiento en el Ingreso Nacional de 1% solo generó la posibilidad de disminuir la pobreza en un 0.47%, mientras que una disminución en la desigualdad social de 1% generó una disminución de 4.41% en la pobreza global en México.


Como conclusión: si se quiere reducir de forma significativa la pobreza es indispensable acompañar las políticas que impulsan el crecimiento económico, de políticas que disminuyan la concentración del ingreso y mejoren la distribución de la riqueza.

MÉXICO OCUPA EL LUGAR 54 EN EL INDICE DE PROGRESO SOCIAL


Imagen: Omar Ibañez.  Flickr: Ibzomar


MÉXICO OCUPA EL LUGAR 54 EN EL INDICE DE PROGRESO SOCIAL

05 JULIO 2015

El Progreso Social se define como la capacidad de una sociedad de solventar las necesidades humanas básicas de los ciudadanos, mejorar y mantener su calidad de vida, y crear las condiciones para que todos sus integrantes puedan alcanzar su máximo potencial. Ello incluye elementos relacionados con la sustentabilidad del medio ambiente, el bienestar social: salud, educación, alimentación, seguridad personal, acceso a información y comunicación, derechos personales, libertad personal y de elección, tolerancia e inclusión, y acceso a educación avanzada. En resumidas cuentas busca cubrir tres dimensiones básicas: necesidades humanas básicas, fundamentos del bienestar y oportunidades.

De acuerdo con el Índice de Progreso Social en su reporte del 2015 (http://www.socialprogressimperative.org/), de un total de 133 países analizados que cubre al 94% de la población mundial, si el mundo fuera un único país la puntuación en el índice de progreso social sería de 61 puntos de un total de 100, con grandes diferencias entre las temáticas principales, siendo la mayor puntuación lograda en nutrición y cuidados médicos básicos con 87.5 puntos, y acceso al conocimiento básico con 86 puntos. La peor calificación se encuentra en tolerancia e inclusión con 42.4 puntos y en derechos personales con 43.1 puntos.

Noruega, Suecia, Suiza, Islandia y Nueva Zelanda son los primeros cinco lugares con 88.4, 88.1, 88.0, 87.6 y 87.1 respectivamente, México ocupa el lugar 54, con 67.5 puntos, un poco más arriba del promedio mundial, pero por debajo de Ecuador y Colombia. Nuestro peor desempeño, con el más bajo puntaje, es en seguridad personal con 35.3 puntos (el promedio mundial: 56.3), y el siguiente es en sustentabilidad del ecosistema con 48.5 puntos ( promedio mundial: 51.6).

Nuestro mejor desempeño esta en nutrición y servicios médicos básicos con 96.3, por arriba del promedio mundial de 87.5, y acceso a conocimiento básico con 92.5 también por arriba del promedio mundial de 86.0.

Este índice revela que los países más ricos a nivel mundial logran una mayor progreso social, pero no muestra una relación de causalidad, podría ser que el progreso social lleve a un mejor desempeño económico, o podría ser que un mejor desempeño económico lleve a un mayor progreso social.


Esta relación no es tan simple, ni lineal, ya que México se encuentra catalogado como un país de progreso social medio alto a pesar de su elevada tasa de pobreza, donde únicamente el 19.8% de la población total se considera no pobre y no vulnerable, y el 45.5% se encuentra por debajo de la línea de bienestar económico con grandes pendientes en Libertad personal y elección, tolerancia e inclusión, acceso a educación avanzada, a la información y comunicaciones. En pocas palabras tenemos un bajo empoderamiento que impide que el crecimiento económico se traduzca en progreso social.

EL HAMBRE EN MEDIO DE LA ABUNDANCIA

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), recuperar tan solo la mitad de los alimentos que se pierden o desperdician a nivel mundial, podría alimentar al planeta ya que un tercio de los alimentos producidos para el consumo humano se pierde o desperdicia, lo que equivale a 1 mil 300 millones de toneladas al año.

El 6% de las pérdidas mundiales se dan en América Latina de las cuales el 28% se producen al momento del consumo, 28% durante la producción, 22% por su manejo y almacenamiento, 17% durante el proceso de distribución y mercadeo, y 6% durante el procesamiento.

Los alimentos que se desperdician durante la venta al menudeo podrían satisfacer las necesidades alimenticias de más de 30 millones de personas, es decir del 64% de la población latina que sufre de hambre (http://www.fao.org/3/a-i3942s.pdf).

En América Latina, los alimentos que se producen son suficientes para alimentar a toda su población, en pocas palabras hemos llegado al punto en que dado el nivel de producción de alimentos no debería haber hambre, sin embargo existen elementos relacionados con su distribución, precio y accesibilidad que impide que ello sea una realidad.

Para el caso de México la pérdida o desperdicio es del 37%, ¡más de un tercio de lo que se produce!, con ello se podría alimentar a 7.4 millones de personas en pobreza extrema e inseguridad alimentaria. Entre los alimentos más desperdiciados están la guayaba 58%, leche de vaca 57%, mango 54.4%, pescados y sardinas 54%, aguacate 54%, plátano verde y tabasco 54%, nopal 53%, arroz 47%, pepino 45% (http://www.fao.org/3/I4655S.pdf).

Las principales causas del desperdicio son a) con relación al consumo: por sobre-madurez, compras excesivas, manejo inadecuado de la mercancía, producto maltratado o en mal estado, mezcla de producto en buen estado con producto no apto para el consumo; b) en la cadena de valor: administración ineficiente de insumos y productos, malas prácticas de manejo de los alimentos, sistemas inadecuados de transporte, distribución y almacenaje, personal sin capacitación, falta de infraestructura adecuada, uso de empaques y embalajes inadecuados.

Si fuéramos capaces de desarrollar una cultura sobre el cuidado, manejo y administración de los alimentos, de su adecuada distribución, almacenamiento y traslado, tanto a nivel familiar como empresarial, y una cultura de subsidiaridad y solidaridad en la comunidad, no habría hambre en América Latina y gran parte del problema en México podría resolverse.

Imagen: Omar Ibañez.  Flickr: Ibzomar