INESTABILIDAD FINANCIERA EN EUROPA, CANALES DE CONTAGIO HACIA MÉXICO

Los problemas financieros y bancarios en Europa sí afectan en el corto plazo a la economía mexicana, aun cuando Grecia no haya salido todavía de la zona monetaria europea (Euro) y la inyección de los recursos monetarios al sistema bancario español, por 100 mil millones de euros, no sea considerado un rescate bancario.

Los canales por los que transcurre el contagio son básicamente los relacionados con el tipo de cambio, es decir con el precio del dólar, el euro y otras divisas en términos de pesos, y su impacto sobre tasas de interés, crédito bancario e importaciones.

El nerviosismo en los mercados financieros hace que los países europeos que requieren recursos monetarios para poder liquidar sus deudas soberanas (deudas de sus gobiernos, no de sus empresas) tengan que ofrecer mayores tasas de interés en relación con el resto del mundo, ello eleva el pago de la deuda externa y ocasiona problemas para generar los ingresos fiscales (impuestos, precios de bienes y servicios públicos, etc.) que les permitan saldar sus compromisos financieros.

Lo anterior genera una mayor competencia por atraer recursos monetarios para los países emergentes o en vías de desarrollo y, cuando el nerviosismo se eleva, se traduce en un “vuelo a la calidad”: salida de capitales externos que buscan mayor seguridad a pesar de los menores rendimientos.

Como resultado, México ha visto salir capitales de la bolsa mexicana de valores y de los mercados de dinero (corto plazo), capitales que buscan seguridad más que rendimientos y que han ocasionado que el peso se deprecie sensiblemente en las dos últimas semanas llegando a pagar por un dólar casi $14.50 pesos el primero de junio, y obligado a intervenir al Banco de México subastando parte de sus reservas internacionales el 23 y el 31 de mayo por un monto total de 365 millones de dólares. Aunque el monto no es significativo sirve para tranquilizar a los mercados.

El nerviosismo generado por la inestabilidad del tipo de cambio genera expectativas negativas entre los empresarios quienes posponen sus planes de inversión, no elevan su producción ni tienen incentivos para generar empleos. Adicionalmente las importaciones de productos extranjeros se encarecen en pesos y, dado que los insumos para la producción representan el 75% del total de bienes importados, ello incrementa los costos de producción presionando sobre las utilidades de las empresas, que no pueden trasladar dicho incremento al precio de mercado por la competencia externa y lo deprimido del mercado interno.

Si bien las exportaciones se incrementan porque cada dólar compra más producto mexicano, ello no se refleja en los bolsillos de los mexicanos ni se trasmite al aparato productivo en general por el alto grado de concentración de las exportaciones en pocas empresas y su elevada dependencia de la importación de insumos.

Así, el empleo se mantiene estancado, el poder de compra de las familias deprimido y existe una tendencia a elevar las tasas de interés de los créditos ante el riesgo percibido, sobre todo si recordamos que la banca en México es extranjera y cuyas matrices, que están fuertemente expuestas a la crisis de la zona monetaria europea, tienen políticas globales que las obligan a reducir el crédito a las empresas y familias en nuestro país.

El dinero es, en resumidas cuentas, más caro para todos, mientras que los precios de bienes básicos importados como gasolina y alimentos se elevan. Así, aún sin recesión en la economía mexicana, todos resentimos un proceso de deterioro económico financiero que se refleja en un bajo poder adquisitivo, empleos precarios y con bajo dinamismo y un mayor debilitamiento del mercado interno.

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